FÁBULA: LA DESASNADA

El dinero no es malo, el amor al dinero lo es; la plata por sí misma no rompe manos ni cura enfermos, tampoco nos lleva a la Luna diminuta ni a una disputa; sin embargo, nos enceguece para dedicarnos a ensorbebecer, nublándonos el juicio. Así no acredita este enxienplo de lo que contesció a dos asnos, uno cargado de riquezas y el otro con tristezas; envanecido con la idea que era a él a quién adoraban iba todo altivo el primitivo, aunque eran para las alhajas esas lisonjas; su compañero más conspicuo afirmó: “Insensato. No es dirigido a vos esos honores, sino a la sagrada carga que transportas”, “Mezquindad escucho en tus palabras. ¿No crees que valgo al menos una alabanza?”, respondió altivo el que se creía divo; algunas veces el silencio dice mucho, y dicha pregunta quedó sin respuesta. El camino aún seguía, largo y peligroso, cuando dan el golpe; aparecieron unos bandidos bien erguidos que se abalanzaron contra los tesoros, en plena emboscada el asno trató de defenderse; durante forcejeo fue acuchillado para ser calmado, quitándole ese peso que gustosamente llevaba encima; compasión no es algo que caracterice a los mulos, ileso el sobreviviente y con cierto regocijo por la desdicha ajena habló al herido: “Mi pobreza resultó ser más segura. Ahora entiendes ¿no? La riqueza era la que traía honras y deshonras”, convaleciente no se quedó callado: “Sigo escuchando mezquindad. Púdrete.”
Del rey ignorante es la corona lo importante.
 
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