FÁBULA: EL ZORRO VOLADOR Y LA MANTONA

Mentira pues los zorros no pueden volar, ni tampoco los chanchos; nadie los encontrará en los aires, los mamíferos no vuelan; otra mentira pues los murciélagos se elevan y gustan de mamas, tienen cara de raposo pero hasta ahí acaban sus similitudes, de frutas se alimentan a diferencia de sus pares carnívoros. Entre árboles gigantes se paseaba en búsqueda de algún fruto capaz de saciar su hambre, todo fue rápido, en unos segundos y sin darse cuenta se encontraba apresado por una mantona; son de esas que sobreponen la fuerza al veneno, poco a poco constriñen hasta el último aliento; enrollado y con su vida contada, el zorro volador a su captor suplicó: “Más que perder no tengo porque ya lo hice, atiende mis palabras finales. Dame libertad y yo te daré mi bondad, te he de indicar el lugar dónde duermen mis hermanos. Los encontrarás a tu merced y obtendrás más que conmigo.”; la boa constrictor sin perder serenidad accedió, cuando llegaron a la puerta de la cueva y mientras lo apretujaba lentamente le comentó: “Con que engañando y vendiendo a tus compañeros, ya veo. Mira, no es que odie la traición pero el traidor me da náuseas y cada vez que los veo, los estrujo hasta que queden hecho un apretujo. Comerte me daría asco, pero con tus hermanos no tengo el mismo problema. Y no te engañé, no puedes esperar justicia para el traidor.”
Traiciona el que lo menciona.
 
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