FÁBULA: EL CABALLO DE PASO Y EL JUMENTO

Una belleza de espécimen representaba para estos solípedos, con que gracia y confianza cabalgaba aquel sin parecer troquel; para el caballo de paso, radica en su caminar el éxito. Iban muy ligeros este delicado corcel junto a los hijos de su dueño, con pocas provisiones el jumento los acompañaba, todos caminando; en el transcurso una ola de calor les dio tremendo chapuzón, quedando ambos jóvenes desmallados o inconcientes; el cargador rápidamente se puso uno al hombro e instó a su vecino hacer lo mismo con el otro, aduciendo razones artísticas este se negó, de esta manera el asno cargó con toda la carga; el sol estaba fuerte y justo encima, los rayos solares penetraban su piel quemándolos poco a poco, no sólo física sino psicológicamente; cansado y trastocado el burro suplicó: “Amigo Borrico. No sabes cómo es mi fatiga, tanto así que me obliga, a pedir que me ayudes con una viga. Anda, lleva tú uno, alivia mi trabajo que no es uno. No sé si resista… ¡Desfallezco!”, el otro sin dejarse atarantar muy ecuánime respondió: “Me metes miedo. Zapatero a sus zapatos. Tú te criaste justamente para ponerte cargamento encima, en cambio yo, nací para pasear con estilo. Lo mío no es el peso sino el paso. Gran bestia seré yo si realizare labor ajena.”; el jumento no mentía y literalmente falleció, preso de aquel peso; al final, el caballo entiendió el yerro que le costó su carrera artística, ya que ese lastre que llevó de arrastre le ocasionó un desastre a su vida ecuestre.
Si no construye, obstruye; y si obstruye, se destruye.

1 EXPRÉSATE:

Valery

Siempre tan interesante... Me gusta leerte.

 
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