AGENTE DEL CAOS

Hombre de palabra, cumplía lo que decía; bastante sencillo para ser payaso, sus simples gustos iban desde dinamita, gasolina o pólvora, teniendo todas en común su coste abaratado; al igual que perro persiguiendo carros, sólo hacía cosas, sin saber que hacer si los agarraba; no regalaba su trabajo, tan elemental como nunca realizar gratis aquello por lo que se destaca; además lo que no pudo matarlo, sólo lo volvió más extraño, y sí que era raro; no era ningún freak, menos monstruo alguno, simplemente estaba más adelante que el resto. Lo más sensato sería vivir sin reglas, es lo justo, ya que la moralidad es un mal chiste; ante la mínima señal de problemas abandonan su moral, si todo va de acuerdo a lo planeado nadie protesta ni se queja; en cambio, si alteras el orden establecido el mundo sucumbe en anarquía; la gente sólo actúa en tanto lo que se le permite, cuando haya dificultades y las papas estén quemando esos civilizados se van a comer unos a otros, creyendo que sus reglas los salvarán. Al final, todo arde, entonces para qué vivir con reglas si todo arde; si va según lo acordado, la calma se mantiene, pero si algo sale fuera del plan, esa tranquilidad desaparece; justamente en momentos apremiantes resulta que cada uno se revela como es realmente, es en las últimas cuando las personas muestran su verdadero rostro; y todo aquello por lo que se luchó, se esfuma ante crisis a la vista.
“How loyal a hungry dog really is?”
The Joker
 
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